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¿De quién debería ser la vacuna del COVID?

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¿De quién debería ser la vacuna del COVID?

La pandemia provocada por la expansión del virus SARS COV 2 (COVID) ha limitado en mucho aspectos la actividad humana, aunque por otro lado ha supuesto un punto de inflexión en relación a cómo enfocamos los problemas de nuestra sociedad.
En este sentido, tal como ya hicieran los antiguos griegos siempre peleados entre sí, ante la amenaza común hemos podido observar una carrera conjunta de todos los agentes de nuestra sociedad con el fin de combatir los efectos del virus tanto a nivel sanitario como socio-económico.
Carrera “a la griega” contra el virus
A ojo de halcón y desde una perspectiva de los derechos de Propiedad industrial e intelectual (en adelante IP), este esfuerzo en común ha dejado algunas escenas para la posteridad (como Burger King pidiendo a los clientes que compraran McDonald’s) a la vez que ha abierto la caja de pandora del auto-cuestionamiento sobre las normas que rigen el comportamiento de la sociedad actual.
Fruto de este auto-cuestionamiento surge en un sector de la población, auspiciado por una petición de Médicos sin Fronteras y de los Gobiernos de India y Sudáfrica, el deseo de dejar sin efecto los derechos de patente sobre las vacunas del COVID con el argumento de anteponer la vida de las personas a los intereses empresariales.
Intereses de todos, intereses de nadie
La iniciativa en cuestión, aunque ejemplar en cuanto a la voluntad de velar por el bien ajeno y de la sociedad en conjunto parte, a nuestro juicio, de una premisa equivocada. Nos explicamos:
Creemos que esta pandemia nos ha enseñado que igual que las fronteras, la especialización por materias es una construcción artificial, y es que las interconexiones existentes entre los distintos elementos de la sociedad parecen desaconsejar el análisis de los intereses encontrados como si de compartimentos estancos se tratara.
Queda fuera del alcance de este post abordar la relación entre economía y medios sanitarios, pero sí consideramos interesante aportar al debate una serie de elementos que permitan acercarse la cuestión con un enfoque a largo plazo.
Del sentido de las patentes
El sistema de patentes consiste en un trato que podríamos resumir con la formula “te doy para que des”. Consiste básicamente en que el titular de una invención hace pública toda la información necesaria para que cualquiera con conocimientos (yo no sabría construir un cohete sólo por leer la patente, pero un ingeniero con la cualificación adecuada sí) pueda reproducirla.
A cambio, el Estado le garantiza hasta 20 años de exclusividad sobre la producción y comercialización de dicha invención, tras los cuales, esta pasa a ser de dominio público y cualquiera puede fabricarla. Éste sería el caso de los medicamentos genéricos.
¿Por qué hace esto el Estado pudiendo expropiarla sin más? La razón está en que el Estado (abstracción de la sociedad) considera que, si al que es capaz de inventar un medicamento le sale a cuenta hacerlo, fabricará más y, así, esperando tan solo 20 años (que para una persona son bastantes pero para la humanidad son relativamente pocos) la sociedad no tendrá sólo una solución a un problema sino dos soluciones a dos problemas (dos medicamentos).
Pan para hoy, hambre para mañana
Teniendo en cuenta esta premisa, desvirtuar el sistema de patentes en base a la aparición de un problema importante podría, bien suponer una solución a dicho problema (lo cual nos congratularía a todos), o por el contrario, un desincentivo al desarrollo de futuras vacunas. Dado que, al parecer, nuestros hábitos de consumo han aumentado la probabilidad de que fenómenos pandémicos se produzcan de nuevo en el futuro, esto supondría ya de por sí un elemento a tener en cuenta.
Además, si la base de la eliminación del derecho de patente es la importancia del bien jurídico protegido que se ve amenazado por la propagación de la epidemia, la vida humana, podría llegar a deducirse que lo que se pide es la eliminación de las mismas en relación a cualquier invención medicamentosa ya que el mismo argumento podría servir de base para justificar la expropiación de toda invención sobre medicamentos destinados a curar o paliar, por ejemplo, el cáncer.
En este sentido, cabría argumentar que a la postre, ello podría suponer un desincentivo en la dedicación de recursos a la obtención de una cura contra los distintos tipos de cáncer que implicaría a su vez una disminución de los desarrollos obtenidos o, en el peor de los casos, en la no publicación de los mismos para administrarlos bajo secreto a quien pudiera pagarlos suponiendo, en definitiva, un perjuicio mayor que el que se pretendía evitar con esta medida.
Por otro lado, el mundo de la IP no puede permanecer ajeno a los problemas sociales pues es en las aportaciones a la sociedad para combatir dichos problemas dónde halla su razón de ser. Es en este sentido donde se pueden pensar y desarrollar soluciones que ayuden a aliviar el sufrimiento humano a la vez que no comprometen nuestras herramientas para combatir problemas futuros.
Qué dice la Ley
Como ejemplo y de modo no exhaustivo, la propia Ley de Patentes ya contempla en su artículo 96 una mitigación a los derechos de exclusiva sobre ellas para destinarlos a países con problemas graves de salud pública mientras que, en los artículos 81 y 95 se contemplan respectivamente la posibilidad de expropiación y de licencia obligatoria por motivos de interés público.

Qué mejoras se pueden abordar
Finalmente, pese a que desde una perspectiva general no creemos que acabar con el sistema de patentes (aunque sea puntualmente) sea una solución beneficiosa para la humanidad, esta crisis si puede suponer un buen acicate para abordar mejoras que permitan modernizar el sistema de protección de derechos de propiedad industrial e intelectual, ayudando a encajarlo en una sociedad global e hiper-conectada.
Un ejemplo, aunque aquí la imaginación es tan libre como necesaria, sería el aportar activamente al sistema de protección los principios de cooperación e interconexión, tomando como ejemplo las licencias FRAND que vienen informando los derechos de IP en el sector de las telecomunicaciones y que, en resumidas cuentas, son aquellas por las que el titular de una patente esencial se compromete a emitir licencias en condiciones justas, razonables y no discriminatorias.

2021-01-12T18:29:02+00:00 enero 12th, 2021|Categorías: Patentes y Modelos de Utilidad|Etiquetas: , , |Sin comentarios

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